Otro de los motivos que lo llevan a pasar es el temor al revire. Sobre todo cuando juega último. Si apuesta con ese juego -bueno, pero no seguro- y recibe como respuesta un revire, se verá obligado a foldear.
Y a nadie le gusta tener que resignar un pase así, en esas circunstancias.
La otra alternativa es que sea una mentira descarada. Así que tendrán que evaluar a cuál de estos dos escenarios se enfrentan. No pasa por si el par máximo que tienen va acompañado de un ladero jerárquico o es exiguo. Si la apuesta fue hecha por valor, perderán con ambos; si fuera hecha como bluf, ganarán con ambos. En definitiva, la clave para ver es qué tiene él, no nosotros. Esta situación quedó dramáticamente demostrada en la mano que disputaron Phil Ivey y Jamil Dia en la versión 2006 del Aussie Millions.
Es una mesa de 8 players y después de que todos vayan al mazo, desde la posición de corte, lvey abre con $8.000 y 047V. La mesa está jugando muy ajustada y es una buena oportunidad para hacerse de los ciegos.
En el pie, Dia lo ve hasta ahí con A de corazones y K de trébol.
Pozo: $22.800.
Como los ciegos van al mazo, se abre el flop:
J y 2 de diamantes y 2 de corazones
Ambos players poseen stacks muy profundos, e lvey prepara sus barriles. Pero esta vez no llevan cargas letales, sino fuegos de artificio.
A ese flop le apuesta: $15.000. Es una apuesta de continuación del 66%.
Sin dudar ni un instante, Dia iguala la apuesta.
Pozo: $52.800.
Turn: A de diamantes. Ese as le dio el par máximo a Dia y abrió, asimismo, un proyecto a color.
Ivey escoge una de las pilas que tiene cuidadosamente ordenadas y parece que la va a apostar, pero se detiene a mitad de camino y va en busca de otra de la misma altura. Una vez que comprueba que están igualadas las dirige al centro de la mesa. Son: $40.000.
Pozo: $92.800.




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